I love La Paz
Me gusta La Paz. El monóxido de carbono nacionalizado expulsado por el transporte colectivo se extiende durante el día por las calles y por la noche calienta con los mismos resultados que una calefacción. Al abrigo del saco no caben las pesadillas nocturnas. Los sueños son de color de rosa después de atravesar en bici la gélida noche del altiplano. Mi mente se relaja entre algodones mientras el invierno andino se echa encima. Es verdad que podría seguir la ruta por la templada costa peruana del Pacífico pero me jodería mucho perderme la ruta Cuzco-Ayacucho-Huancayo-Cerro de Pasco-Huaraz. Voy a invernar en la Casa de Ciclistas. Hasta finales de agosto o principios de septiembre no remprenderé la marcha a no ser que me expulsen por casero.

La plaza Murillo de La Paz.
El día menos activo lo paso haciendo manualidades. Toda mi actividad mental empieza y termina desenrollando un metro de papel higiénico. El día más activo lo paso en la plaza Murillo dando de comer a las palomas. Me gusta presenciar cómo son ellas quienes mueven el cogote y no yo pedaleando las subidas. Si me reconoces entre la multitud y deseas verme más activo, podemos ir a comer una deliciosa sopa o unas salteñas acompañadas de api. En algunos cineclubes suelen dar ciclos de cine gratuitos. También se puede ver teatro boliviano gratis en algunas facultades universitarias. Y rocanrol boliviano en las calles. Pero sólo hasta que el invierno deje paso a la primavera. Cuando las montañas andinas recuperen colores vivos entonces volveré a subirme a la bici.
Desde La Paz, km. 7.184 (+ 251 kilómetros a dedo en esta ruta y en ésta otra)
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